CONFLICTOS Y DUALIDADES: los orates de la ciudad.

La mirada de Yonas Millones Millares nos confronta con los detritus de la ciudad,
su ciudad, cualquier ciudad. Yonas articula su discurso a partir de patrones
reiterados donde expone las razones del tedio y la apatía. Las grandes proezas del
orden y progreso son desbaratadas por la mirada penetrante de Millones para
mostrarnos la real frustración: grandes mayorías castradas del deseo, de la falta de
apetencia por felicidad. Hoy somos, en esta sociedad del espectáculo fatuo, sitios
para la descarga de sueños evasivos, de pulsiones mediocres y burocráticas, de
placeres arti?ciales, argumentos que fortalecen negadas seguridades y
complacientes comodidades.
Yonas elabora así una proteica avalancha pictórica donde nos confronta con el
discurso exitoso del sistema, ahí donde se elabora la retorica modernista y
tecni?cada de obtenlo todo con un click. El joven artista sueco de orígenes chilenos
ha sustentado su identidad artística confrontando con la sociedad que lo acoge. La
ha emprendido por cuestionar, clara y rotundamente, todos aquellos espejismo que
disimulan el estropicio construido en esos valores epilogales, el mito del ?nal de la
historia, de ese punto omega donde vanagloriarnos ante tanta podredumbre. El
artista cuestiona todo aquello que lo rodea, sus ínfulas y sus seudo verdades, aquel
constructo constituido como los grandes logros de su entorno: una colectividad
ordenada, limpia, estructurada y “todo en su lugar” con que las Sociedades del
Bienestar esconden y disimulan las profundas traiciones concedidas a las grandes
corporaciones, al gran capital, al arti?cio creado para el reino supranacional de la
usura y el gozo ?nanciero.
Así, en y desde las entrañas del discurso modernista, desde el ejercicio cotidiano de
la ilusión puesta al servicio de esta normalidad de rentas e intereses, es donde
habita la gran derrota de la humanidad. Es en esa falsa faz que Yonas se regodea
con sus tramas y reiteraciones, poniendo en ridículo los triunfos de la satisfacción
instrumentalizada, aquel gran triunfo plástico de la cosi?cación de la vida, llena de
puritanos temores y el satinado confort de una vida a plazos. Millones da cabida a
una parsimoniosa, pulcra, metódica acción de corte y denuncia que puesta en
trama y reiteración nos empotra vaginas, pezones, anos, dólares, pubis, ahí donde
la cosi?cación ha hecho carne, donde se aloja la furia del sistema: desde esos
signos, símbolos que respiran por la herida abierta del poder y desde donde se
construyen las jerarquías, campo ladino donde cotejar todo lo que reitera y lo
abarca. Es en esa insania que parece copar e inundarlo donde el artista en su
lucidez decide enfrentar todo lo que lo aburre, lo agota en sus alienadas
capitulaciones por consumista y banal.
El construir discursos disidentes con ropas sucias usadas, intervenidas con distintas
técnicas, algunas piezas hechas con marcadores o resaltadores, algunas otras con
spray; incluso usando partículas alimentarias industrializadas como ?deos,
popcorn, golosinas y más engendros tecni?cados para con todas ellas crear
texturas lo han llevado a inundar con ellos, el espacio público para desde ahí dar
batalla a las grandes empresas que hegemonizan y privatizan plazas y calles con
discursos de consumo y mercadeo, en los mismos términos que en estas
sociedades sus políticos no permiten a sus ciudadanos tomar la palabra para
comunicarse con la ciudad bajo ningún código que no este controlado y
manipulado por ellos. Digamos como alegato ?nal ante el desvarió de nuestro joven
artista: el negarse a aceptar una sociedad sin cultura es negarse a que el arte se
sustente en una ciudad muerta. Amen.

César Ramos Aldana / curador independiente